Tensión internacional
20/01/2026 | 20:28
Redacción Cadena 3
Marcos Calligaris
La crisis por Groenlandia escaló un poco más este martes y dejó de ser una provocación retórica para convertirse en un asunto central de la agenda internacional. Hubo declaraciones de alto voltaje, uso de inteligencia artificial y una puesta en escena que terminó de llevar el tema al corazón del Foro Económico Mundial de Davos.
El punto de partida volvió a ser Donald Trump. El presidente de Estados Unidos dijo que “no hay vuelta atrás” en su objetivo sobre Groenlandia, a la que definió como “imperativa” para la seguridad nacional y mundial. La frase llegó después de una conversación con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y estuvo acompañada por otra definición sensible: Trump no descartó tomar la isla por la fuerza.
Trump no se limitó a una declaración. También viralizó imágenes generadas con inteligencia artificial que buscaron convertir una intención política en una imagen de hecho consumado. En una de ellas aparece en Groenlandia sosteniendo una bandera de Estados Unidos; en otra, dialogando con líderes frente a un mapa donde Canadá y Groenlandia figuran como parte de Estados Unidos. En una tercera imagen, difundida luego, aparece junto a JD Vance y Marco Rubio, levantando la bandera estadounidense al lado de un cartel que dice: “Greenland US Territory – Est. 2026”. El mensaje fue directo: no solo decir, sino mostrar.
En paralelo, Trump publicó mensajes privados intercambiados con líderes europeos. Entre ellos, uno atribuido al presidente francés Emmanuel Macron, en el que expresa que no entiende qué está haciendo Estados Unidos con Groenlandia. En Europa, la filtración cayó muy mal, porque expone tensiones entre aliados y traslada la crisis al interior del vínculo transatlántico, justo cuando se intenta sostener una respuesta coordinada.
Desde Davos apareció, sin embargo, otro tono dentro del propio gobierno estadounidense. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, buscó bajar la tensión. Habló de “histeria”, pidió “sentarse, relajarse y respirar hondo” y se mostró confiado en que el conflicto puede encauzarse sin una escalada mayor. Fue la imagen del policía bueno frente a un presidente que volvió a tensar al máximo.
Europa respondió también desde Davos. Macron fue explícito: dijo que el continente no debe doblarse ante “la ley del más fuerte” y que prefiere “respeto antes que matones”. En ese marco, empezó a discutirse algo concreto. Según analistas citados por Reuters, la Unión Europea evalúa dos caminos si Washington avanza con presión económica por Groenlandia. El primero es el clásico: aplicar aranceles europeos sobre importaciones estadounidenses por unos 93.000 millones de euros, que podrían activarse desde el 6 de febrero. El segundo es más fuerte e inusual: el Anti-Coercion Instrument, la llamada “bazooka” comercial de la UE, que permitiría no solo subir aranceles sino también restringir servicios, inversiones y el acceso a licitaciones. Es una herramienta que nunca fue utilizada, pero cuya sola mención marca el nivel de la discusión.
También desde Davos habló la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Fue categórica: la soberanía e integridad territorial de Dinamarca y Groenlandia no se negocian. Al mismo tiempo, anunció que Bruselas trabaja en un paquete para reforzar la seguridad en el Ártico, junto con un gran impulso de inversión europea en Groenlandia y el desarrollo de capacidades estratégicas, como rompehielos.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, endureció aún más el tono. Dijo que no va a abandonar Groenlandia y dejó una advertencia que resonó en las cancillerías: si Trump no descarta el uso de la fuerza, “el resto tampoco puede descartarlo”. Fue una forma de trasladar la responsabilidad de la escalada al punto de partida del conflicto.
Rusia también se metió en la escena. El canciller Serguéi Lavrov afirmó que Groenlandia no es una “parte natural” de Dinamarca, aludiendo a su historia colonial, y al mismo tiempo negó que Moscú tenga interés en intervenir o en tomar control de la isla. En términos estratégicos, la crisis expone grietas dentro de la OTAN y debilita el discurso europeo sin que Rusia deba involucrarse directamente, un escenario cómodo para el Kremlin.
En otras palabras, Groenlandia dejó de ser una excentricidad discursiva y pasó a ser un tema central de la agenda internacional. Se coló en Davos y condiciona el debate global. La pregunta que queda abierta, y que nos interesa en esta parte del planeta, es si el presidente argentino Javier Milei fijará posición cuando hable mañana a las 11:45 en Davos.
Para la Argentina, por Malvinas y por la Antártida, el principio que conviene que siga vigente es uno solo: la soberanía no se impone por la fuerza ni por presión económica. Aunque exista una buena relación con Trump, convalidar esa lógica afuera debilitaría la posición argentina en casa.
Rusia, mientras tanto, se frota las manos: el conflicto le sirve porque expone fisuras en la OTAN y debilita el discurso europeo, sin necesidad de involucrarse ni pagar costos. Por ahora, es el único beneficiado.
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