Datos alarmantes
08/09/2026 | 12:59
Redacción Cadena 3
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"Es urgente poner un límite": la ministra de Educación de Buenos Aires alertó por el uso del celular
Los estudiantes de la Ciudad de Buenos Aires pasan, en promedio, 6 horas y 10 minutos por día mirando el celular y cuatro de cada diez presentan señales compatibles con ansiedad, depresión o somnolencia.
Los datos surgen de un estudio encargado por el Ministerio de Educación porteño al Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), que relevó a más de 3.200 estudiantes de primer y cuarto año en 92 escuelas.
La ministra de Educación de la Ciudad, Mercedes Miguel, destacó la importancia de contar con datos propios para dimensionar el impacto del uso de los dispositivos y planteó la necesidad de establecer límites.
Miguel comparó las más de seis horas diarias de uso del celular con cuatro partidos de fútbol por día. También señaló que ese tiempo equivale a unos 2.200 videos breves de menos de diez segundos, en referencia al contenido que los adolescentes consumen en redes sociales.
Para la funcionaria, uno de los principales problemas está en determinar qué actividades quedan desplazadas por ese tiempo de pantalla.
/Inicio Código Embebido/
/Fin Código Embebido/“¿A qué le están robando esas horas?”, planteó durante la entrevista, y vinculó el fenómeno con lo que en el entrenamiento deportivo se denomina “entrenamiento invisible”: dormir bien, alimentarse adecuadamente y estar descansado.
Según Miguel, en muchos casos esas horas terminan siendo quitadas al sueño. “Se las roban al sueño”, afirmó, al advertir sobre las consecuencias de no permitirle al organismo descansar adecuadamente.
El estudio detectó señales de ansiedad, depresión y somnolencia en cuatro de cada diez estudiantes. La ministra aclaró que los datos permiten establecer una correlación entre el tiempo de exposición a las pantallas y el bienestar de los adolescentes, pero no una relación de causalidad.
“Hay una correlación entre tiempo en pantalla y lo mal que se sienten”, explicó Miguel, quien señaló que el impacto no se limita al bienestar y también alcanza el desempeño académico.
La situación adquiere especial relevancia porque el relevamiento incluyó estudiantes de alrededor de 13 y 16 años, dos etapas en las que el uso intensivo de dispositivos puede desplazar otras actividades.
Miguel también vinculó el fenómeno con una preocupación que excede a Argentina: la pérdida de la denominada lectura profunda y las dificultades para sostener la atención.
La ministra señaló que varios países registraron retrocesos en las evaluaciones internacionales de lengua y sostuvo que el problema tiene consecuencias sobre toda la trayectoria educativa.
“Un chico que tiene un problema en lengua no es que tiene un problema en lengua, tiene un problema en toda su trayectoria escolar”, explicó. Según argumentó, las dificultades para comprender textos y consignas terminan afectando el aprendizaje en todas las áreas.
/Inicio Código Embebido/
/Fin Código Embebido/En ese sentido, consideró que el uso permanente de las redes sociales está afectando la capacidad de prestar atención, aprender y comprender.
Miguel recordó que una de las primeras decisiones tomadas junto al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, fue prohibir los celulares en las aulas de las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.
La medida, explicó, busca recuperar la atención de los estudiantes durante las clases. Pero la funcionaria sostuvo que el problema no termina en la escuela y que también requiere un compromiso de las familias.
“Hay un momento para mirar el celular y hay un momento para no mirar el celular”, planteó. En esa línea, llamó a recuperar espacios destinados al descanso, la conversación, el deporte, el contacto con la naturaleza, el arte y la creatividad.
El estudio también mostró una diferencia en el tiempo de uso según el género: las mujeres utilizan el celular casi 30 minutos más por día que los varones.
Miguel vinculó esa diferencia con los mecanismos de comparación y exposición presentes en las redes sociales, especialmente alrededor de la imagen corporal y la valoración que reciben las publicaciones.
Mencionó además la dinámica de las visualizaciones y los “likes” como parte de un sistema diseñado para mantener a los usuarios conectados durante períodos prolongados.
La estrategia de la Ciudad también busca involucrar a las familias. Miguel contó que, luego de la prohibición de los celulares en las aulas, un grupo de madres planteó que el problema continuaba fuera de la escuela, durante cumpleaños, pijamadas, salidas o encuentros en la plaza.
Como respuesta, el Ministerio impulsó un compromiso familiar para que las familias de un mismo curso acuerden pautas comunes sobre el uso del celular.
Según la ministra, más de 108.000 familias ya firmaron ese compromiso.
“Es urgente que sepamos que hay que poner un límite”, sostuvo Miguel, y remarcó que la discusión sobre el uso de los celulares y las redes sociales no corresponde solamente a las escuelas, sino que involucra a las familias y a la sociedad en su conjunto.
Entrevista de Rodolfo Barili.
¿Qué reveló el estudio sobre el uso del celular por los estudiantes? El estudio mostró que los estudiantes de la Ciudad de Buenos Aires pasan, en promedio, 6 horas y 10 minutos al día mirando el celular.
¿Quién realizó el estudio? El estudio fue encargado por el Ministerio de Educación porteño al Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).
¿Cuándo se llevó a cabo el estudio? El estudio relevó a más de 3.200 estudiantes de primer y cuarto año en 92 escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.
¿Dónde se prohibieron los celulares en las aulas? La Ciudad de Buenos Aires prohibió los celulares en las aulas de las escuelas.
¿Por qué es importante el estudio? El estudio establece una correlación entre el tiempo de exposición a las pantallas y el bienestar de los adolescentes, además de su impacto en el desempeño académico.
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