Aguas Cordobesas
21/08/2026 | 15:00
Redacción Cadena 3
Mucho antes de que existiera una red de agua potable, los pueblos que vivían en este territorio ya tenían una explicación para cada laguna, cada río y cada cerro. El agua estaba en el centro y contaba con una importancia sagrada.
Tres de esas historias siguen circulando en Córdoba, aunque muchos de los que las repiten ya no recuerden de dónde salieron.
Ansenuza, o por qué el agua es salada
Ansenuza era una diosa que habitaba el espejo de agua de la enorme laguna que hoy llamamos Mar Chiquita. Bella y despiadada con quienes invadían su territorio, hasta que un día encontró en la orilla a un joven sanavirón gravemente herido, agonizando. Se enamoró de él.
Al entender que ya no podía salvarlo, empezó a llorar. Y lloró tanto que las aguas de la laguna se volvieron saladas.
El padre de los dioses se conmovió con ese dolor y resucitó al joven, pero lo transformó en un flamenco rosado. Es el ave que predomina hoy en la laguna.
El monstruo de la laguna del Cuero
Más al sur, los ranqueles habían organizado su territorio alrededor de la laguna del Cuero, el manantial más codiciado de la provincia. El nombre no es casual.
La laguna lo debe al cuero vivo de la mitología mapuche: un monstruo con forma de cuero provisto de uñas y garras, que envolvía a los bañistas desprevenidos y los arrastraba al fondo. Tenía, según el relato, una marcada preferencia por las mujeres jóvenes. Para defenderse se aconsejaba recitar ciertos conjuros, esgrimir ramas espinosas o armas con filo.
Puede sonar a fantasía antigua, salvo por un detalle: en 1987 se recogió el testimonio de una mujer de la localidad de Media Luna que aseguró haber sido atacada por el cuero mientras lavaba la ropa en un arroyo cercano.
Un cerro enamorado de un río
La tercera empieza como una historia de amor y termina explicando un accidente geográfico.
Uritorco era un joven que se enamoró de la bella Calabalumba, hija de un hechicero que jamás aprobaría la relación. Una noche escaparon. El hechicero se convirtió en un demonio que los perseguía; ellos se refugiaron en matorrales y cuevas, sin suerte. Hasta que el perseguidor se transformó en el uturunco, un jaguar con ojos de hombre, y se enfrentó a los enamorados.
Para no confrontarlo, y para volver eterno su amor, la pareja se transformó. Él se convirtió en el imponente cerro Uritorco. Ella, en el río Calabalumba: un torrente de lágrimas que brota, como un manantial, del pecho mismo de su enamorado.
Lo que no cambió
Para estas comunidades el agua era un recurso sagrado, íntimamente ligado a la existencia humana. Hoy tenemos explicaciones científicas donde antes había dioses y monstruos, pero el fondo es el mismo: sin agua no hay vida posible y cuidarla es un compromiso de todos.
Más historias como estas en El Podcast del Agua de Aguas Cordobesas, disponible en YouTube y Spotify.
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