Mucho más que un mercado
12/10/2026 | 19:22
Redacción Cadena 3
Audios
Ricardo Hara
El ingeniero agrónomo Ricardo Hara destacó que la habilitación de las carnes provenientes de la zona libre de aftosa con vacunación representa un hito después de más de 20 años de negociaciones. La oportunidad va más allá de Japón: puede convertirse en una llave para acceder a otros mercados asiáticos y fortalecer el agregado de valor de la cadena ganadera.
Es, también, una señal de confianza sanitaria que puede abrir oportunidades comerciales en otros países de Asia y poner a prueba la capacidad de la cadena ganadera argentina para responder a las exigencias de los compradores más rigurosos del mundo.
En diálogo con El Campo Hoy, remarcó que la habilitación amplía significativamente el universo de producción con posibilidades de acceder a ese mercado, hasta ahora limitado a las carnes de la Patagonia, reconocida como zona libre de aftosa sin vacunación.
“Después de más de 20 años de idas y vueltas, se logra la apertura del mercado de la carne libre de aftosa con vacunación y trazabilidad”, destacó.
La diferencia no es menor. Mientras que la Patagonia ya tenía acceso desde 2018, la nueva habilitación alcanza a la producción ubicada al norte del río Colorado, donde se concentra un volumen ganadero considerablemente mayor. Esto amplía el potencial de participación de la Argentina en uno de los mercados más exigentes y sofisticados del mundo.
Japón, una puerta de entrada a otros mercados asiáticos
Para Hara, el impacto estratégico de esta apertura trasciende las ventas que puedan concretarse en Japón. La aprobación sanitaria puede funcionar como antecedente para que otros países de la región evalúen sus propias condiciones de acceso para la carne argentina.
“Un mercado muy exigente como es el japonés actúa como parámetro. Cuando se apruebe en Japón, muchos otros países asumen que los requisitos están dados como para también abrir sus mercados”, explicó.
En ese sentido, mencionó a Corea como uno de los países que podrían observar este proceso con especial atención. La posibilidad de avanzar hacia nuevos destinos asiáticos permitiría ampliar la diversificación exportadora y generar alternativas comerciales para frigoríficos, productores y criadores.
Sin embargo, el acceso sanitario constituye el punto de partida, no la garantía de negocios inmediatos. La oportunidad deberá traducirse en operaciones concretas, con compradores interesados, establecimientos habilitados, condiciones comerciales competitivas y una oferta capaz de sostener los compromisos asumidos.
Un vínculo histórico con mucho potencial comercial por desarrollar
Aunque la relación entre Japón y la Argentina tiene alrededor de 140 años de historia, Hara consideró que el intercambio comercial todavía está lejos de alcanzar su verdadero potencial.
Según explicó, los vínculos entre ambos países tuvieron una expresión especialmente visible en el plano cultural, desde el tango hasta el fútbol y la popularidad de Lionel Messi y la Selección argentina en Japón. En cambio, el comercio bilateral todavía presenta un amplio margen de crecimiento, particularmente en los sectores de alimentos y energía.
La carne bovina puede convertirse en uno de los puntos de partida para profundizar esa relación, pero no es el único producto con oportunidades.
La Argentina ya exporta a Japón vinos, yerba mate y miel. En este último caso, Hara señaló que el país se encuentra entre los principales proveedores del mercado japonés, detrás de China.
El vino, en cambio, todavía tiene una participación reducida: representa alrededor del 1% del total de las importaciones japonesas de esa bebida, de acuerdo con el dato mencionado por el entrevistado. La comparación con Chile, que logró una presencia comercial mucho más importante, muestra que existe espacio para mejorar el posicionamiento de los productos argentinos.
La yerba mate ofrece otro ejemplo de cómo la visibilidad cultural puede generar oportunidades económicas. La imagen de los futbolistas argentinos tomando mate durante el Mundial de Qatar despertó interés entre consumidores japoneses y contribuyó a impulsar una demanda creciente, aunque todavía de dimensiones limitadas.
Para Hara, estos antecedentes muestran que la apertura de mercados necesita acompañarse de una estrategia comercial sostenida, capaz de conectar las características de la producción argentina con los hábitos y las preferencias de los consumidores.
La clave para venderle a Japón: entender la demanda y cumplir
Más allá de las condiciones sanitarias, el desafío central para la cadena agroindustrial argentina será comprender cómo compra Japón y qué espera de sus proveedores.
Hara sostuvo que, especialmente en ese mercado, las empresas deben trabajar sobre la demanda y no limitarse a ofrecer aquello que están acostumbradas a producir.
Esto implica estudiar en detalle los requerimientos de los compradores: cantidades, calidad, precios, presentación, packaging y condiciones de entrega. También exige evaluar si la empresa puede sostener el abastecimiento a lo largo del tiempo.
“Es mucho más importante asegurar la provisión a lo largo del tiempo que tener presencias esporádicas, con vaivenes. Eso es lo que más teme el comprador japonés”, advirtió.
La confiabilidad, por lo tanto, puede convertirse en una ventaja competitiva tan importante como el precio. En un mercado que valora la previsibilidad, no alcanza con concretar una primera operación: hay que demostrar que se puede cumplir con los volúmenes, los plazos y los estándares de calidad acordados.
El especialista ilustró esta idea con una referencia cultural. Explicó que el concepto japonés de confianza está asociado a la persona y a su palabra, una noción que se traduce en la importancia de honrar los compromisos asumidos.
“Es importante ser sumamente serios en no prometer lo que no se puede proveer y, una vez que uno compromete verbalmente, así sea verbalmente, cumplir a rajatabla”, señaló.
Para los exportadores argentinos, el mensaje es concreto: la apertura de un mercado exigente obliga a fortalecer la planificación, la coordinación entre los distintos eslabones de la cadena y la capacidad de garantizar una oferta estable.
Kaizen: la mejora continua como modelo para el agro argentino
Otro concepto que Hara considera valioso para profundizar la relación comercial con Japón es el kaizen, una filosofía de mejora continua ampliamente asociada a la industria japonesa y a la experiencia de Toyota.
Su aplicación al agro supone entender que la calidad no es una condición que se alcanza una sola vez, sino un estándar que debe sostenerse y perfeccionarse.
“Es importante que los productos a lo largo del tiempo nunca bajen de calidad y, en la medida de lo posible, cada vez sean mejores”, resumió.
La idea interpela a toda la cadena de valor: desde el manejo productivo y la sanidad animal hasta la industria frigorífica, la logística, la conservación y la presentación final del producto.
En el caso de la carne bovina, el desafío consiste en transformar las ventajas naturales y productivas de la Argentina en una propuesta comercial consistente. La trazabilidad, los protocolos sanitarios y la homogeneidad de los cortes y de la calidad serán aspectos relevantes para construir relaciones duraderas con los compradores.
Hara reconoció que existen diferencias culturales importantes entre ambos países, a los que describió como opuestos tanto geográfica como culturalmente. Por eso, consideró fundamental comprender a la contraparte y adaptar la estrategia comercial a sus necesidades.
La apertura japonesa puede ser, en ese sentido, una oportunidad para revisar procesos, elevar estándares y desarrollar una cultura exportadora basada en el cumplimiento y la mejora permanente.
La carne, el agregado de valor y el desafío social del campo
Hara también amplió la mirada sobre el papel que puede desempeñar el agro en el desarrollo argentino. Como uno de los fundadores de Solidagro, una iniciativa orientada a promover la integración entre el sector agropecuario y la sociedad, planteó que el desafío no consiste solamente en producir más y exportar, sino también en lograr que la riqueza generada se traduzca en bienestar para la población.
Reconoció la creciente importancia de la energía y la minería, con Vaca Muerta como uno de los grandes motores de la economía, pero defendió el potencial de la producción agropecuaria y de sus cadenas de valor.
En particular, reivindicó la ganadería como una actividad capaz de generar valor agregado desde el establecimiento rural hasta la industria y la exportación, con posibilidades de sostener ese aporte a lo largo del tiempo.
“Creo que la vaca viva es igual de importante o más importante”, sostuvo, al destacar la capacidad de la cadena bovina para generar actividad económica más allá de la producción primaria.
Para Hara, esa fortaleza adquiere especial relevancia en un contexto en el que algunos indicadores macroeconómicos muestran avances, pero los resultados todavía no se reflejan de la misma manera en la vida cotidiana de buena parte de la población.
De la habilitación sanitaria al negocio concreto
La apertura del mercado japonés reúne tres dimensiones estratégicas para la ganadería argentina: amplía el universo de producción con acceso potencial a un destino de alto valor, fortalece el reconocimiento sanitario del país y puede facilitar futuras negociaciones con otros compradores asiáticos.
Pero la oportunidad no se medirá solamente por el anuncio de la habilitación. Su alcance real dependerá de la evolución de las exportaciones, la cantidad de frigoríficos autorizados, los volúmenes comercializados y la capacidad de los productores y de la industria para responder a una demanda que prioriza calidad, previsibilidad y cumplimiento.
La conclusión de Hara deja una enseñanza que excede a Japón: en los mercados internacionales más exigentes, abrir la puerta es apenas el comienzo. La verdadera oportunidad aparece cuando la confianza se transforma en relaciones duraderas, mejores productos y más valor agregado para toda la cadena agroindustrial.
Federico Aguer
Te puede Interesar
Otro mercado que se abre
Después de dos décadas de negociaciones, Japón habilitó el ingreso de carne bovina y lengua proveniente de todo el territorio argentino. El paso completa la apertura sanitaria iniciada en 2006 y amplía el horizonte exportador de la ganadería nacional. Ahora comienza el desafío comercial.