Casi 10 años. Ahí, el árbol está productivo al 100%.
Juan Ignacio Ponelli
Pistacho en San Juan
Pistacho en San Juan
Pistacho en San Juan

En San Juan

El pistacho apunta a un nuevo polo productivo

03/02/2026 | 19:11

El proyecto “La Memita” propone desarrollar 100 hectáreas bajo un fideicomiso agrícola de largo plazo. Apunta a inversores que buscan activos reales, renta en dólares y exposición a un mercado global en expansión.

Redacción Cadena 3

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Juan Ignacio Ponelli

La producción mundial de pistachos supera aproximadamente 1,2 millones de toneladas al año (en fruto con cáscara), con una tendencia general de crecimiento en la última década.

Los principales productores son Estados Unidos (especialmente California), Irán y Turquía, que juntos concentran la mayor parte de la oferta global.

En Argentina, la producción ha ido creciendo en los últimos años. La mayoría de la producción se concentra en la provincia de San Juan (más del 90 % del total), con otras áreas en expansión en provincias como Mendoza, La Rioja y La Pampa.

Según estimaciones oficiales, Argentina produce entre 1.500 y 2.000 toneladas de pistachos anualmente, ubicándose alrededor del puesto 11° en el ranking mundial.

En un contexto donde los inversores miran cada vez más allá de los instrumentos financieros tradicionales, la economía real vuelve a ganar protagonismo. En ese escenario, El Campo Hoy entrevistó a una desarrolladora de proyectos de inversión productiva, que lanzó "La Memita", una iniciativa que busca posicionar al pistacho como cultivo estratégico en la Argentina y sentar las bases de un nuevo polo productivo en la provincia de San Juan.

El proyecto se estructura bajo un modelo de fideicomiso agrícola a largo plazo, que permite a los inversores participar de un desarrollo productivo completamente gestionado. En su primera etapa contempla 100 hectáreas productivas —con posibilidad de escalar hasta 150— y proyecta retornos estimados de entre 14% y 20% anual en dólares una vez iniciada la cosecha.

“Detectamos una creciente demanda por inversiones alternativas ligadas a la economía real, como complemento a los instrumentos financieros tradicionales. Argentina tiene condiciones diferenciales para captar ese capital: activos productivos, producción contraestacional y capacidad de escalar proyectos con gestión profesional. El pistacho permite integrar esos factores en una inversión de largo plazo con proyección global”, explicó Juan Ignacio Ponelli, fundador y CEO de AgroFides.

Por qué pistacho

El interés por el pistacho no es casual. A nivel global, la demanda de este fruto seco crece a un ritmo promedio del 6,5% anual desde hace más de dos décadas, mientras que la oferta avanza más lentamente, en torno al 5%. Esta brecha proyecta un déficit estructural superior a las 250.000 toneladas en los próximos 10 a 15 años, un escenario que tiende a sostener precios y reducir volatilidad.

“Cuando empecé a analizar frutos secos, comparé el pistacho con muchos otros cultivos. Siempre les ganaba en términos de negocio”, recuerda Ponelli. “Tiene una barrera de entrada muy grande por sus requerimientos agroclimáticos, que se dan en muy pocos lugares del mundo. Hoy los principales productores son regiones muy específicas de California e Irán. Y en Argentina, particularmente en San Juan, estamos bendecidos con esas condiciones”.

El pistacho requiere climas semiáridos a áridos, baja humedad relativa, muchas horas de frío en invierno y calor intenso en verano. Es una planta rústica, de bajo riesgo productivo relativo, y con una vida útil extraordinaria: “Hay cultivos de 100 años que siguen produciendo. El plazo de espera es corto si se lo compara con el flujo futuro que genera”, destaca el empresario.

Un cultivo de largo aliento

Desde el punto de vista productivo, el pistacho no se siembra directamente, sino que se implanta a partir de plantas provenientes de viveros especializados. El cultivo comienza a producir a partir del cuarto año, aunque recién entre el séptimo y décimo año alcanza su nivel comercial pleno.

“Hasta el año sexto o séptimo hay que invertir y sostener la operación. Pero después las rentabilidades son muy interesantes y el flujo es continuo”, explica Ponelli. En el caso de AgroFides, la expectativa es entrar en producción masiva en los próximos cuatro años y alcanzar el pico productivo hacia el décimo año.

El destino principal de la producción será la exportación. “La participación de Argentina en el mercado global hoy es marginal. Pero con las inversiones que se están haciendo, el mercado natural va a ser externo: Europa, Brasil, Rusia, China y Asia en general. El consumo mundial es muy pujante y viene creciendo sostenidamente desde hace más de 20 años”, señala.

Fideicomiso agrícola y activos reales

Uno de los diferenciales del proyecto La Memita es su estructura financiera. A través de un fideicomiso agrícola, los inversores pueden participar del negocio productivo sin necesidad de involucrarse en la gestión diaria.

“Ofrecemos la posibilidad de entrar en un modelo productivo exactamente igual al nuestro, pero en porciones más pequeñas. El inversor accede a la escala, la sinergia y la gestión profesional de un gran proyecto, sin tener que saber de agricultura ni dedicar tiempo”, explica Ponelli. La inversión puede equivaler desde una hectárea hasta el total del proyecto disponible en cada etapa.

Cuando la producción entra en régimen, los retornos estimados oscilan entre el 17% y el 20% anual en dólares. “Es un mercado expansivo, con demanda sostenida y oferta limitada. No vemos riesgos de mercado relevantes y, además, la planta es muy rústica. Los riesgos climáticos existen, pero son acotados y en una ventana muy específica”, agrega.

Tecnología, gestión y mirada de largo plazo

Este emprendimiento se apoya en un equipo interdisciplinario que combina agronomía, ingeniería, geología y tecnología. “Nunca apliqué tanta ingeniería a un proyecto como ahora”, confiesa Ponelli. El desarrollo incluye riego por goteo con tecnología israelí, perforaciones de agua, control hídrico, parques solares para energía renovable y sistemas de fertilización de precisión, con asesoramiento local e internacional.

El modelo apunta a inversores acostumbrados al real estate, profesionales de altos ingresos y personas que buscan diversificar su patrimonio con activos reales dolarizados y de baja correlación con los mercados financieros tradicionales.

“En Argentina todavía falta cultura de inversión en proyectos productivos de largo plazo. En otros países, estos vehículos forman parte habitual de los portafolios. Nuestro objetivo es acercar ese modelo al inversor local, con estándares de transparencia y una lógica profesional desde el primer día”, concluye Ponelli.

Federico Aguer

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