ACDE
17/09/2026 | 16:22
Redacción Cadena 3
Para María Elena Critto, nieta de Enrique Shaw, la historia de su abuelo demuestra que la fe y el mundo empresarial no son necesariamente ámbitos contrapuestos. Shaw, empresario argentino y fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), se encuentra en proceso de beatificación y canonización.
“Es una bendición inmerecida. La santidad no se hereda. El desafío y la invitación a la santidad es un llamado universal para todos”, señaló Critto en diálogo con Cadena 3.
Según explicó, uno de los aspectos centrales del legado de Shaw fue haber entendido la actividad empresarial como una herramienta para el desarrollo integral de las personas y el bien común.
“Él sabía que era administrador de los bienes de Dios, que no era nada de él. Así que lo ponía todo al servicio de Dios: no solo sus talentos, sino también los de la empresa y sus recursos”, relató.
En esa concepción, la generación de ganancias no era cuestionada en sí misma, sino que debía estar vinculada a una finalidad más amplia. “No está mal que se busque ganar dinero, pero el tema es para qué y a costa de qué. Nunca puede ser a costa de nadie”, explicó.
Critto sostuvo que Shaw concebía a la empresa como una “comunidad de vida”, en la que debía promoverse el desarrollo de los trabajadores, pero también de la sociedad, la competencia y el país.
Uno de los episodios que más destaca la familia es el enfrentamiento de Shaw con los accionistas de la empresa cuando se planteó el despido de unos 1.200 trabajadores.
De acuerdo con el relato de su nieta, el empresario se opuso a la medida y llegó a poner en juego su propia continuidad en la compañía. “Si ustedes echan a una sola de estas personas, yo pongo mi renuncia acá”, recordó Critto que manifestó Shaw.
Ante un período de menor actividad, la empresa decidió reorganizar las tareas de los trabajadores. Personas especializadas en la fabricación de vidrio fueron destinadas temporalmente a otras labores, entre ellas la construcción de un cerco perimetral y viviendas.
La estrategia permitió conservar los puestos de trabajo y mantener capacitado al personal hasta que se recuperara la demanda.
Para Shaw, explicó su nieta, el empleo tenía un valor que iba mucho más allá del salario: permitía que las personas desarrollaran sus capacidades y sostuvieran a sus familias.
Critto recordó también la relación cotidiana que su abuelo mantenía con los empleados. En la empresa, dijo, procuraba escuchar a cada uno y reconocer el valor de su tarea.
“Para él, las personas más importantes eran cada uno de esos 4.500 trabajadores”, afirmó.
Ese vínculo tuvo una particular expresión durante los últimos meses de vida de Shaw. Mientras atravesaba una enfermedad, se colocó un cartel en el que se solicitaban dadores de sangre. Según el relato familiar, más de 260 trabajadores se presentaron para donar.
Cuando regresó a la empresa, pese a su delicado estado de salud, Shaw quiso agradecer personalmente el gesto.
“¿Cómo voy a agradecer que ustedes me han dado lo más importante de su vida, que es la sangre?”, recordó Critto que expresó. Y agregó una frase que quedó entre los testimonios sobre su vínculo con los trabajadores: “Ahora soy una persona muy feliz porque por mis venas corre sangre obrera”.
Durante la entrevista, Critto resumió el legado de su abuelo en tres conceptos: escucha, coherencia y alegría.
Sobre el primero, explicó que Shaw entendía que para servir a los demás era necesario conocer sus necesidades. “Pedía un corazón que ame y que escuche, porque parte del amor es entender y escuchar las necesidades de los otros”, señaló.
La coherencia, en tanto, estaba relacionada con llevar sus convicciones a todos los ámbitos de su vida. “Él vivía esta fe, esta entrega a Dios en la familia, el trabajo, la empresa y la sociedad. Lo vivía integralmente”, sostuvo.
Finalmente, habló de la alegría como una característica que quienes lo conocieron asociaban con su personalidad. Según Critto, Shaw transmitía alegría y paz tanto en su hogar como en la empresa, incluso en situaciones de conflicto.
Su nieta contó que esa alegría estaba vinculada para él con la caridad, entendida como la búsqueda del bien de los demás.
Critto recordó una de las frases que sintetizan la espiritualidad de Shaw: “No hay que hacer grandes cosas, sino hacer con mucho amor las pequeñas cosas”.
En esa mirada, la santidad no aparece como un reconocimiento reservado para unos pocos, sino como una forma de vivir las tareas cotidianas.
“El llamado a la santidad está en todas partes y donde estemos está ese llamado”, sostuvo.
Para su familia, el proceso de beatificación y canonización de Shaw representa también la posibilidad de poner en primer plano una manera particular de entender el liderazgo empresarial: no desde el poder o la acumulación como fines en sí mismos, sino desde la responsabilidad sobre las personas.
“Él decía que el liderazgo es servir. Estamos en la tierra para servir: para servir a Dios y servir a los demás”, concluyó Critto.
¿Quién es María Elena Critto? Es la nieta de Enrique Shaw y comparte su legado y visión sobre la fe y el mundo empresarial.
¿Qué proceso está en curso respecto a Enrique Shaw? Shaw se encuentra en proceso de beatificación y canonización.
¿Qué valor le daba Shaw al empleo? Para Shaw, el empleo tenía un valor que iba más allá del salario; permitía el desarrollo de capacidades y el sustento familiar.
¿Cómo enfrentó Shaw los despidos en su empresa? Se opuso a despedir a 1.200 trabajadores y propuso reorganizar las tareas para conservar los puestos de trabajo.
¿Cuáles son los tres conceptos que resumen el legado de Shaw? Escucha, coherencia y alegría son los tres conceptos que Critto menciona como centrales en el legado de su abuelo.
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