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La siempre conflictiva relación entre los presidentes argentinos y sus vices

14/03/2024 | 18:19

 

Redacción Cadena 3

Julio Perotti

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La siempre conflictiva relación entre los presidentes argentinos y sus vices

Un presidencialismo fuerte llevo a que el vicepresidente sea considerado como una figura secundaria en el esquema de poder.

Sin embargo, siempre se cruzaron ambiciones que pusieron en tensión las relaciones entre ambos y hasta golpearon la institucionalidad.

Muchos presidentes fueron reacios a dejar el gobierno en manos de su segundo, aunque esta fuera su función, relevarlo en caso de ausencia.

Esto era particularmente importante en la época de las carretas. Imaginemos a un presidente viajando al interior. Esto requería semanas.

Y el poder político quedaba en la ciudad de Buenos Aires, quizá conspirando…

Algunos casos paradigmáticos en la historia argentina.

Dicen que Domingo Faustino Sarmiento nunca dejó el poder en manos de su vice, Valentín Alsina.

Enojado con Alsina por sus opiniones, Sarmiento le espetó: “Usted no se meta en mi gobierno; límitese a tocar la campanilla en el Senado durante seis años, y lo invitaré de tiempo en tiempo a comer para que vea mi buena salud”.

Más cerca en el tiempo, durante el gobierno de Arturo Frondizi, que había asumido en 1958, el vicepresidente Alejandro Gomez le exigió cumplir con su programa electoral, le pidió recomponer relaciones con la Unión Cívica Radical del Pueblo, que lideraba Ricardo Balbín. Pero Frondizi no quiso saber nada.

Acusado de conspiración, tiempo después Gómez renunció.

Vengamos a octubre de 1999. La Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación logró la victoria de la fórmula Fernando de la Rúa-Carlos Chacho Álvarez. Pasó un año y el vicepresidente renunció al denunciar el caso de coimas en el Senado y posibles casos de corrupción en el gobierno.

De la Rúa sigue solo, pero en 2001 ve cómo su gobierno carece de sustento político y la caída de la convertibilidad arrastra al país a una crisis con estallidos de violencia y muerte. De la Rúa renuncia. Y llega el interinato de Eduardo Duhalde.

Álvarez siempre insistió en que la caída del gobierno de la Alianza no tuvo que ver con su decisión.

En 2003, llega al poder Néstor Kirchner con Daniel Scioli como compañero de fórmula. No se recuerda un destrato mayor que el que los kirchneristas le dedicaron a Scioli. Pero él siguió ahí. Y sigue, aunque lo traten mal.

En 2007, Cristina Fernández de Kirchner suma a Julio Cobos, un radical mendocino, como vice. La idea de la transversalidad y de un movimiento superador al peronismo y al radicalismo seducía a muchos.

Pero llegó el conflicto con el campo en 2008 por las retenciones móviles y estalló la relación. Cobos votó debía desempatar en el Senado y su voto “no positivo” detonó la relación. Nunca más se hablaron.

Sigamos con Cristina, en 2011 eligió como vicepresidente a Amado Boudou, un hombre que venía del liberalismo, aunque se había reconvertido al kirchnerismo.

La Corte Suprema de Justicia confirmó una condena a 5 años y 10 meses de cárcel por los delitos de cohecho pasivo y negociaciones incompatibles con la función pública.

Boudou y otros cómplices se quisieron quedar con la ex imprenta Ciccone Calcográfica y así lograr contratos con el Estado para la impresión de billetes y documentación oficial.

Sigue Cristina en el centro de la escena. Ahora, convertida por propia decisión en la vicepresidenta de Alberto Fernández.

El acuerdo duró poco. Muy temprano en 2019 comenzaron las diferencias. Con cartas publicadas en redes, Cristina quería marca el paso de un gobierno que parecía ir hacia ninguna parte.

Nunca lo consiguió.

Para peor, dicen que su enojo tenía otra razón: Alberto Fernández le habría prometido resolverle causas que arrastra Cristina ante la Justicia y nunca se vio nada.

Amores que pasan a odio, confianzas que se convierten desconfianzas. La eterna historia de la dos figuras en la cima del poder en la Argentina.

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