Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja. (NA)

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Un asueto para festejar el fracaso de un modelo

17/06/2026 | 13:14

El asueto por el triunfo argentino expone algo más profundo: una provincia atrapada en la lógica de que el Estado puede reemplazar al trabajo privado.

Redacción Cadena 3

Sergio Suppo

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Un asueto para festejar el fracaso de un modelo | Por Sergio Suppo

Uno podría tomarlo en broma. De hecho, casi hemos naturalizado que desde La Rioja lleguen noticias que parecen escritas por un guionista de sátira política. Si el Gobierno provincial declaró asueto administrativo después de un triunfo de la Selección Argentina en un partido que se jugó fuera del horario laboral, ¿qué queda para el próximo capítulo?

Podría ocurrírsele al gobernador Ricardo Quintela que, si Argentina pierde el próximo partido, los empleados estatales trabajen un feriado para compensar la desgracia deportiva. O, al revés, si la Selección sale campeona del mundo —ojalá, toquemos madera y nada de mufas—, decretar asueto hasta diciembre. Total, si por una victoria inicial se suspende la actividad pública al día siguiente, la lógica ya quedó liberada de toda prudencia.

Pero conviene salir rápido de la ironía, porque detrás de la extravagancia hay un problema mucho más serio: La Rioja no discute un asueto; discute un modelo de provincia.

Según los datos que circulan sobre el mercado laboral riojano, cerca del 65% del empleo registrado corresponde al Estado. La media nacional está muy lejos de eso: ronda el 17% y, aun estirando el cálculo al 20% por informalidades y zonas grises, la diferencia sigue siendo brutal. Dicho de otro modo: mientras en la Argentina, en promedio, dos de cada diez trabajadores están en el sector público, en La Rioja son seis o seis y medio de cada diez.

Ahí empieza la verdadera discusión. Porque cuando el Estado es el principal empleador, también se convierte en el principal ordenador de la vida social, económica y política. El trabajo deja de depender de la productividad, de la inversión, de una empresa que crece, de una actividad que se expande o de un sector que compite. Pasa a depender de una decisión administrativa, de una firma, de una caja provincial y, muchas veces, de una obediencia política.

Por eso el asueto no es apenas una anécdota mundialista. Es una postal. Una postal menor, pintoresca si se quiere, pero tremendamente reveladora. En una economía sana, dejar de trabajar tiene un costo evidente. En una economía sostenida por el empleo público, la frontera entre trabajar y no trabajar empieza a desdibujarse. Y eso es lo más grave: que dé más o menos lo mismo.

Desde afuera, las provincias grandes suelen mirar estos fenómenos con cierta soberbia. Córdoba, Santa Fe o Buenos Aires pueden creer que esto pertenece a otro país, a una Argentina lejana, a esas provincias chicas donde “siempre pasa lo mismo” y “siempre gana el mismo aparato”. Pero esa mirada es cómoda e injusta. Primero, porque muchas provincias grandes también tienen un exceso de empleo estatal en relación con el privado. Y segundo, porque la historia no está escrita de una vez y para siempre.

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Hay provincias chicas que empezaron a cambiar su destino. Catamarca, por ejemplo, tomó la decisión de apostar en serio por la minería. Ese camino ya se refleja en el empleo privado: la actividad minera ganó peso dentro de la estructura laboral provincial y empieza a mostrar que existe otra forma de organizar la economía. Jujuy, con el litio, también exhibe un recorrido similar. No es magia, no es inmediato, no resuelve todos los problemas de un día para el otro. Pero marca una dirección.

Neuquén y San Juan son otros ejemplos de provincias que dejaron de resignarse al lugar de “chicas” y empezaron a construir poder económico alrededor de sus recursos. La diferencia no está solo bajo la tierra. Está, sobre todo, en la decisión política de permitir que algo distinto al Estado crezca, invierta, contrate, pague mejores salarios y genere actividad real.

Ese es el camino largo. Pero es un camino posible.

El otro camino es La Rioja como símbolo de una economía de cuarentena permanente. Una cuarentena que no duró dos o tres años, como la del Covid, sino más de cuatro décadas. Una provincia donde el Estado reparte empleo, decreta descansos, emite cuasimonedas, inventa “chachos” y pretende sostener con papel pintado una economía que no produce lo suficiente para financiarse a sí misma.

El problema, entonces, no es que Quintela haya declarado un asueto por un triunfo de Argentina. El problema es que esa decisión parezca coherente dentro de un sistema donde el empleo público ocupa el centro de todo, donde el trabajo privado es débil y donde la política administra la escasez como si fuera un derecho adquirido.

La Rioja no necesita menos fútbol ni menos alegría. Necesita más trabajo privado, más inversión, más producción y menos Estado usado como refugio eterno. Porque una provincia no se desarrolla suspendiendo actividades cada vez que encuentra una excusa. Se desarrolla cuando trabajar vuelve a importar.

Y eso, en La Rioja, hace rato que parece una noticia extraordinaria.

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