La controversia que divide al público del Festival de Cosquín: ¿Arte o política?

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La controversia que divide al público del Festival de Cosquín: ¿Arte o política?

27/01/2026 | 14:14

   

Redacción Cadena 3

Sergio Suppo

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La controversia que divide al público del Festival de Cosquín: ¿Arte o política?

El Festival de Cosquín se convirtió en un escenario donde la política y el arte se entrelazan de manera ineludible. No puedo evitar sentir que esta controversia va más allá de la mera crítica artística. En esta edición es evidente una clara tensión entre la expresión artística y el contexto político actual. 

Durante las cien noches ininterrumpidas de música folclórica, la presencia de figuras como el poeta Hugo Rivella marcaron un hito. Su recitación, “Alguien se cree un león y es apenas una rata”, dirigida al presidente Javier Milei, provocó reacciones encontradas en el público. Este tipo de intervenciones no solo despiertan aplausos, sino también un debate que se intensifica cada año. 

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Otro protagonista es el poeta Antonio Preciado Bedoya, quien también decidió mezclar su arte con un discurso político. Este enfoque reabre la discusión sobre la pertinencia de la política en un festival que, tradicionalmente, celebra la música folclórica. ¿Hasta dónde es aceptable que los artistas utilicen este espacio para expresar sus opiniones políticas? La respuesta no es sencilla.

La actuación de Luciana Jury fue el punto álgido de la controversia. Al solicitar al público si deseaban continuar con una chacarera, se enfrentó a una respuesta negativa que sorprendió a muchos, dado que el público de Cosquín rara vez desaprueba de manera tan abierta a un artista. Este momento refleja una disconformidad que va más allá de la calidad musical. 

La situación se complicó aún más cuando Susy Schock, una artista trans, se unió a Jury y lanzó acusaciones hacia algunos folcloristas, describiéndolos como “alcahuetes del poder”. Estas declaraciones generaron malestar entre los asistentes, quienes parecen rechazar la mezcla entre música y política. En un festival que debería ser un espacio de celebración, la discordia se hace presente.

Quizás, la calidad artística no haya sido del todo buena y predominó fundamentalmente la cuestión política. Esta observación resuena con fuerza, ya que pone de manifiesto un dilema recurrente en Cosquín: la aprobación del público hacia la obra artística suele depender más de su calidad musical que de la postura política del artista. ¿Es posible que el público se sienta menospreciado cuando se le impone un discurso que no busca su aprobación? 

Al final, el pueblo se pronunció al mostrar su descontento por las malas actuaciones y el énfasis político que no resulta conveniente. Quizá haya que escuchar a ese pueblo que se expresó anoche. Este llamado a la reflexión es un recordatorio de que el arte, en su esencia, debe ser un espacio de celebración y no un campo de batalla política. 

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Para responder la pregunta, conviene volver al origen, a la historia, y especialmente a la razón por la cual estos eventos nacieron y lograron convertirse en fenómenos culturales masivos.

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El exdiputado nacional de la UCR dijo a Cadena 3 que el público “espera la presencia” del Presidente. A su vez, apuntó contra el oficialismo provincial por “despilfarrar guita” en otros festivales. 

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