Leyendas
30/04/2011 | 13:32Redacción Cadena 3
El tiempo suele ser un tirano. Siempre se va. Sólo nos deja recuerdos imborrables y amnesias arbitrarias.
Cuando el recuerdo emociona, se convierte en nostalgia.
Ser testigos y cronistas privilegiados del paso de Sampras, Agassi y Courier por Argentina me provocaba inquietudes encontradas.
Por un lado, el temor del que va al reencuentro de una ex novia, diez años después .
Tal vez ya no sea la que fue, la del romántico recuerdo del último beso.
Por el otro, la ilusión de un rockero que vuelve a ver in situ y en casa a los Rolling Stone o a Eric Clapton.
Compartiendo el mismo temor y similar ilusión más de ocho mil personas estuvieron allí.
La cita fue en el estadio construido para la ocasión en la playa de estacionamiento de la estación de trenes de Tigre. La superficie rápida pintada de azul.
La presencia de la farándula: Ricardo Darin, Julian Weich, Sofía Zámolo y los protagonistas de "Herederos", entre otros.
El abrazo impensado de dos enemigos íntimos como Guillermo Vilas y José Luis Clerc.
Futbolistas como Pablo Mouche, el Ogro Fabbiani, Fabián Cubero y el Burrito Martinez.
El intendente de Tigre, Sergio Massa pretendiendo ser más protagonista que los verdaderos protagonistas.
Y ellos ...
André Agassi, genio y figura. Con su sonrisa de campaña electoral. Pasitos cortos. Siempre anticipándose a la jugada. Leyendo el juego.
El swing exacto. Jugando con la gente y para la gente.
Tan distinto a aquel pelilargo irreverente, de bermudas y remeras de colores que estuvo en Buenos Aires jugando Copa Davis en 1988,
El mismo que ganó los cuatro Grand Slams, el oro olímpico, dos Copas Davis.
Aquel que en su libro "Open" confesó que odió al tenis y que en algún momento consumió sustancias prohibidas.
Un escalón más abajo, El colorado Jim Courier. Número uno del mundo en 1992. Ganador de cuatro Grand Slams.
Pinta de jugador de béisbol. Con una escopeta en cada brazo. Divirtiéndose y divirtiendo.
Para el final, un coloso del tenis mundial: Pete Sampras, el yerno con el que sueña toda suegra.
Respetuoso, formal, educado, correcto. El número 1 de siempre. El que ganó 7 veces Wimbledon. El de los 14 Grand Slams.
El dueño del manual del tenis ortodoxo, clásico, puro.
En la noche cálida y emotiva de Tigre pudimos disfrutar del mejor saque de la historia del tenis.
Fuerte, preciso, abierto, cerrado, plano, con el efecto que elija, a la T o hacia afuera.
La volea en el punto justo, en el momento y con la altura exacta.
Más allá de sus casi 40 años, los 8 de "jubilación", de la lógica falta de ritmo, de distancia, de competencia, Sampras brilló.
Un Sampras intacto, que se escapó por un rato del poster de la idolatría y se puso a jugar, siempre en serio.
Sampras y Agassi, dos figuras opuestas. Una rivalidad de casi 15 años .
No jugaron entre sí porque están enemistados .
A Sampras no le gustó que André lo tratara de tacaño en su libro.
Al kid de Las Vegas le disgustó que en la última exhibición en Nueva York, Pistol le jugó a muerte y le propinó una paliza.
Pequeñeces de dos grandes.
Pasaron por Argentina y no podremos olvidarlos. Son protagonistas de un tiempo notable del tenis mundial.
Fuimos priviligiados testigos. forman parte de la emociones fuertes que nos brindó este hermoso deporte.
Mostraron algo de lo inmenso que fueron.
Fue un guiño cómplice al tiempo que suele ser tirano.
Un homenaje a los buenos recuerdos.
Un monumento a la nostalgia.
Fue como haber visto a los Rolling Stone.




