El amor por los símbolos patrios, el orgullo de pertenecer a una nación, el respeto por el terruño que se percibe como propio son parte de un sentimiento que aunque se trasmite con el código genético, necesita de un entorno propicio para crecer y desarrollarse.
Las ceremonias convocadas para celebrar los principales hitos de la historia argentina tienen ese propósito.
Por primera vez, el acto central del aniversario de la Revolución de Mayo se realizó en Bariloche, encabezado por Cristina Fernández.
Hubo discursos, desfile, tedeum, artistas populares y fervor manifestado por cientos de escolares.
La ciudad turística más importante de Río Negro fue, por algunas horas, la principal referencia del país, una señal bienvenida por sus autoridades y habitantes después de un largo período de problemas que se precipitaron sobre su geografía en la forma de las cenizas del Puyehue.
Pero la satisfacción por el éxito de la jornada del viernes resultó tan efímera como los dibujos que trazaron en el cielo los fuegos de artificio con los que terminó la fiesta.
La Provincia cumplió con la obligación de informar lo que tuvo que pagar, varias mentes brillantes sacaron a relucir las calculadoras y aunque todavía no lo han manifestado abiertamente, la conclusión que sugieren es inequívoca: cultivar el amor por la patria sale carísimo.
El tesoro rionegrino empleó 2.663.832,45 pesos en la organización de los actos que en Bariloche contaron con la participación de algunos miles de vecinos y que muchos más siguieron en directo por televisión.
Aunque en los días previos hubo plenarios del Consejo Federal de Turismo y el Consejo Federal de Medio Ambiente, jornadas del Ministerio de Desarrollo Social, y firma de convenios con el Ministerio de Industria, la única operación atractiva fue la de dividir los gastos por las 4 horas que la presidenta de la Nación pasó en la ciudad y, como se hace a menudo con estrellas del fútbol o del básquet, informar que cada minuto de Cristina en la meca del turismo estudiantil, les salió a los contribuyentes de la provincia 11.099,30 pesos.
La agenda de la presidenta incluyó el Tedeum, la recepción de representaciones extranjeras y un acto en el Teatro La Baita.
La Provincia tuvo que acudir a la contratación directa de Publi La Calandria, empresa que facturó 574.600 pesos por el diseño y coordinación general de producción, supervisión y coordinación técnica y logística; mientras que Show Service cobró 473.000 pesos por el escenario, las tarimas, los soportes para las pantallas de leds y las torre de sonido.
Entre los elementos y/o servicios que fue necesario adquirir para los festejos figuran los fuegos artificiales –algo menos de 107.000 pesos-, transportes, hospedajes y catering para los asistentes y artistas, compras de 10.000 banderas y 5.000 escarapelas; alquileres de globas, iluminación y equipos electrógenos.
También tuvieron que pagar modista y peluquera para los distintos elencos que pasaron por el Centro Cívico y el servicio de seguridad para grupos electrógenos costó 20.884 pesos. Naturalmente el monto que tanto llama la atención no incluye el traslado ni el alojamiento de la presidenta ni su comitiva.
A esta altura de los cálculos hay más gente indignada por los gastos que contenta por las demostraciones de fervor patrio y es inútil recordarle a los enojados que los dineros para los festejos, ceremonial y protocolo no salen de la misma partida de los que se emplean en educación ni se restan de salud. Al cabo, lo único claro de esas operaciones es que generan divisiones.
La contundencia de las cifras arrojadas a la cara de ciudadanos siempre al borde de la sospecha termina por desviar el eje de la cuestión y en el altar de condena del supuesto dispendio se sacrifica cualquier intento de discutir la necesidad que tenemos de reunirnos para honrar la historia, festejar el presente y proyectar el futuro al que aspiramos como comunidad.