Si no construimos decenas de estadios nuevos no podremos jugar los campeonatos que debieran jugarse a la manera de los países del primer mundo.O del segundo siquiera.
Si ustedes observan la Copa del Rey o la Copa Italia, verán, fundamentalmente en primera ronda, pequeñas canchas de pueblos representados por los equipos del lugar que se miden contra los más grandes.
Son estadios coquetos, bien presentados, a los cuales jamás a club alguno se le ocurriría discutir, respecto al lugar de juego.Y esto corre para el Real Madrid, el Barcelona o la Juventus.
Entonces, organizados que son nuestros campeonatos y habilitados con las condiciones mínimas indispensables los escenarios de los clubes participantes, no habría que poner ningún tipo de objeciones para que los cotejos se jueguen allí, en el lugar donde cada uno ha hecho su historia. Y mucho más cuando el partido enfrenta a dos equipos de diferentes ciudades.
A esta altura Usted querido lector sabrá que hago pie en el tire y afloje de Talleres cada vez que le toca jugar con un equipo del interior de la provincia y su pretensión de llevar el partido al Chateau Carreras.
No debe ocurrir más. Porque en este caso las condiciones hacen que sea un atropello a la esencia misma del campeonato intentar hacerlo apenas.
No es que Talleres saque a Huracán de barrio La France de su cancha y vayan ambos,a pesar de la ventaja deportiva supuesta, a jugar al Estadio,en donde los luminosos harían una gran diferencia económica sin salir de la ciudad que los cobija desde siempre.
Sacar a Alumni, a Sportivo o a Estudiantes de sus canchas es llevarlo fuera de su ciudad. De ese paisaje que reflejó los esfuerzos de cada partido, de cada reunión de comisión, de cada asado para recaudar fondos.
Es burlarse de aquellos que a pesar de la lluvia y el viento, del rival que sea y a la hora que sea, se sentó en las tribunas de su cancha para verlo llegar a jugar lo que ahora juegan.
Y si Talleres está en una división que cree impropia de su historia (lo que es cierto), la culpa no es de los demás.
Para dar un ejemplo cercano; a All Boys salir de su cancha para ir a jugar con Boca en Huracán le resultó un gran negocio sin perjudicar al extremo a sus seguidores que debieron hacer unas cuantas cuadras, pero que vieron a su equipo en el mismo radio de una misma ciudad.
Cuando San Lorenzo jugó en la “B”, llevó a Velez o Ferro y a equipos de la Metropolitana en acuerdo mutuo por cuestiones económicas pero siempre cerca.
A los únicos que no sacó de la cancha fue a Gimnasia de La Plata y a Colón. Porque no saldrían de su lugar. De su tierra. No se lo hubieran perdonado los suyos.
Talleres va ascender por derecho propio y por su juego y no por llevar por delante derechos ajenos aun cuando aquí mismo se ha dicho que conmueve ese río albiazul que llena canchas.
Este fin de semana, en San Francisco, los habitantes de la ciudad del este habrán vivido una fiesta inolvidable.
La victoria es la frutilla en el postre. La torta es haber jugado en su cancha, con la ruta atrás, con el humo de los choripanes gringos y las banderas verdes en las tribunas verdes.
Acá no hay canchas con estructuras del primer mundo en cada pueblo o ciudad. Y si te anotas para jugar un campeonato y aceptaste las reglas del juego hay que jugar en la cancha y no andar buscando chicanas en los escritorios para no ir a un lugar que algunos creen no es para ellos. Y sí lo es.