Guillermo Vilas cumplió 58 años. Su nombre, su vida es sinónimo de tenis. En realidad, Vilas es el tenis.
Hay un antes y un después en el tenis argentino desde la irrupción de Guillermo Vilas . No es el precursor, Enrique Morea logró resultados importantes a nivel mundial antes que él.
Pero sí es el marplatense (nació en Buenos Aires , pero a los dos días de vida su padres lo llevaron al Mar Del Plata) quién la dio a este deporte un impulso excepcional.
Aprendió sus primeros palotes en las Frías jornadas del Club Náutico de Mar Del Plata. Su padre, el escribano Roque Vilas , entonces Presidente del club, lo puso bajo la tutela del profesor Felipe Locicero, peluquero de profesión.
Locicero descubrió lo que el profesor de Borg también vió en Suecia casi al mismo tiempo y sin Internet de por medio: La utilización de los efectos en el tenis.
Guillermo fue su alumno más aplicado, el que más quiso aprender.
Sus números siguen asombrando. ganó 62 torneos. Un Master en Australia en 1974. Roland Garros y el Abierto de Estados Unidos en 1977, el Abierto Australiano en el 79 y el 80. Cuatro Grand Slam.
finalista en Copa Davis en 1980. Protagonista del circuito internacional entre 1973 y 1989.
Por los caprichos del sistema de ranking no llegó a ser oficialmente número uno del mundo en 1977 cuando ganó en Francia, en Estados Unidos se impuso en 16 torneos y 50 partidos consecutivos (ambos récords vigentes), ganó tres veces el Grand Prix ( equivalente a la carrera de campeones)
En fin, es considerado uno de 25 tenistas más exitosos desde el establecimiento de la era profesional en el tenis, que comenzó en 1968.
Pero más que los números, Vilas convirtió al tenis, considerado por entonces en la Argentina un deporte de elite , en una expresión popular: más cercana al montón de los cualquiera .
Por él muchos empuñamos por primera vez una raqueta. aprendimos que es un drive, un smash, un match point términos que aparecían como brumosas referencias en nuestra incipiente cultura deportiva.
Por Vilas se construyeron canchas de tenis en todos los puntos del país, en la década de los años 70.
Vilas es, además, el símbolo de la perseverancia. Tal vez no era un talentoso. Un tocado por la varita. Todo lo consiguió a partir de la prepotencia del trabajo.
De repetir día tras día, hora tras hora, una y mil veces cada movimiento hasta alcanzar la perfección.
Vilas fue protagonista de una era dorada y romántica del tenis. Enfrentó en duelos inolvidables a grandes de todos los tiempos como el sueco Bjon Borg, Jimmy Connors, o John McEnroe.
Vilas es el antecedente genético de los Nalbandian, los Gaudio, las Sabatini . No por nada Coria y Cañas se llaman Guillermo.
Vilas invento “la gran Willy” (pegando de espaldas , entre las piernas, hacia el campo rival). conquistó a Carolina de Mònaco. Se animó ( con más pena que gloria) a cantar y escribir.
Tuvo un coach que lo llevo a la gloria , el increíble rumano Ion Tiriac, aquel de los bigotes gigantes y la cara de pocos amigos.
En lo personal, Guilermo es quien más me enseñó sobre el mundo del tenis, desde el primer día en que se bajó del poster de la idolatría y me dio una entrevista sin reloj, que felizmente pude repetir en otras ocasiones y que guardo entre los notas más queridas. Entre los privilegios de esta profesión.
Vilas está en el Olimpo de los grandes del deporte argentino, junto a Maradona, De Vicenzo, Monzon, Fangio y Ginobilli.
Vilas cumplió 58 años. Un grande sin tiempo. Un maestro de la raqueta y de la vida.