Hago referencia al "celeste" porque este domingo estuve en la Ciudadela tucumana viendo al equipo de Alberdi perder su segundo cotejo en el torneo.
Y la dificultad para imaginar lo que vendrá radica en saber si este grupo de correctos jugadores junto a su cuerpo técnico podrán ser un equipo sólido con las pinceladas lógicas de buen juego necesarias para marcar diferencias.
Definición simple, casi pavota, digamos de lo que debería pasar para que la B sea protagonista desde más temprano del campeonato y no se acuerde de reaccionar cuando ya los números no le dan, como ocurrió el año anterior.
Antes y después del choque en Tucumán uno camina rumbo al estadio y frente a un kiosco un centenar de hinchas de San Martín escuchan cuarteto, beben y fuman probablemente mezclados con algunos "piratas" que llegan casi de incógnito a ver a su equipo amparados en la amistad con sus pares norteños.
Pensaba a la ida y mucho más a la vuelta si estos muchachos podrían colgar una lámina de algun jugador de su cuadro en la pieza, en el taller o en la cocina de su casa.
De esas láminas que uno pone para que queden para mucho tiempo y al mirarla al paso uno tenga ganas de ir a la cancha para ver al de la foto, tocarla, pegarle de afuera, tirar caños o si es de los de atrás, llevar con la lanza desde el fondo a su equipo o volar de palo a palo si es el portero.
Y estoy seguro que no. Sin hacer nombres y con mucho respeto por los que juegan hoy es difícil venerar en la pared a alguno de ellos.
Y como los de Belgrano no son la excepción ni mucho menos, es que si a futuro, "el celeste" no logra ser una cuestión colectiva seria,no habrá demasiadas individualidades capaces de frotar la lámpara o acer la heroica para ganar puntos de esos que lo pueden llevar a lo más alto.
Belgrano, como buena parte de los conjuntos argentinos de cualquier división, entra a la cancha a desarrollar la idea de su entrenador y hasta aquí (va muy poquito) uno no sabe cuál es.
No pateó al arco. Jamás "el Anguila" Gutiérrez se exigió. No metió una jugada colectiva con más de dos o tres pases. No emocionó y vio pasar el partido que se definió casi sin querer con una pelota de Saavedra desde lejos.
San Martín no fue más conceptualmente. Pero como ganó, pareciera que lo fue.
Lo preocupante, insisto, es esa manera de demorar en hacerse fuerte como estructura, en solidaridad, en variantes de pelotas detenidas, en manejar los conceptos del ida y vuelta en bloque y además en el estado de ánimo que hay que tener para creer en el proyecto futbolístico del director técnico.
Belgrano pasó por la Ciudadela sin que San Martín se diera cuenta.Y eso es muy feo.
Para la historia y el escudo, es verdad, pero para el presente y lo que vendrá mucho más.
Algunos hinchas de Belgrano aprovecharon para visitar a sus amigos albirrojos de Tucumán.Tal vez,l a única buena noticia para una tarde de piratas cojos.