
Daniel Giacomino busca
recuperar en las urnas el poder que perdió en un año y medio de gestión y en la accidentada construcción de un marco de alianzas diferente al que lo llevó a la Intendencia de Córdoba.
“No tengo partido ni concejales oficialistas; necesito entonces el respaldo directo de los vecinos para poder gobernar”, se le escucha decir en la intimidad.
Sabe del enojo de los vecinos con el pobre resultado de su gobierno, incluso de una parte sustancial de sus propios votantes. Pero también conoce que es mayoritaria la indignación de los cordobeses con el chantaje sistemático y la violencia que perciben en la conducción y el activismo del poderoso sindicato de los municipales. Una encuesta que encargó arrojaría que ocho de cada diez consultados está de acuerdo con imponer un tope del 50 por ciento al gasto salarial.
Allí cree ver la posibilidad de relegitimar la gestión y, además, de encontrar la fuerza necesaria para
doblegar la resistencia sindical a su tardío plan de ajuste. Aunque reconozca –como lo hizo en la
Mesa de Café de Juntos– que en el mejor de los casos a fin de año sólo bajará el gasto salarial al 60 por ciento del presupuesto municipal. Y que los diez puntos restantes para cumplir el objetivo propuesto sólo se logrará más adelante si se reactiva la economía y con ello mejora la recaudación.
En esa entrevista plagada de definiciones, Giacomino aceptó que no toda la responsabilidad del desequilibrio financiero del municipio puede atribuirse al jubileo de nombramientos que –según afirma– Luis Juez promovió sin su conocimiento meses antes de traspasarle el gobierno.
También admitió que él
no supo prever el impacto de la crisis nacional y externa sobre los ingresos municipales, y que las sucesivas subas de impuestos que impulsó no fueron la respuesta adecuada. “Esperábamos recaudar 120 millones por mes y sólo estamos consiguiendo 100 millones”, confesó.
El derrumbe en la recaudación
también hizo crecer la proporción que insumen los sueldos sobre los ingresos totales de la comuna.
¿Falló también el cálculo político?
Cuando se alineó como soldado del kirchnerismo, Giacomino confió en que la chequera presidencial se le ofrecería generosa y le permitiría gambetear las restricciones presupuestarias. Podría así dejar un rosario de obras y nuevos servicios en la realidad cotidiana y en la memoria de los cordobeses. Aquel sueño alentaba todavía un prematuro proyecto para pelear la Gobernación en 2011.
La ruptura con el juecismo era una consecuencia obvia. Como también lo era el costo político que le impondría: gobernar sin partido y sin posibilidad de articular una mayoría afín en el Concejo Deliberante. Giacomino lo mensuró y concluyó que los réditos que le aportarían sus nuevos aliados serían considerablemente mayores.
Algo no salió bien y ahora el intendente se propone enmendarlo con la jugada que alumbró el fin de semana.
No sólo imagina que el referéndum rodeará de consenso a su gestión y le dará la pólvora necesaria para doblegar a Rubén Daniele.
Cree además que le servirá para
empujar a Luis Juez a la misma trinchera enemiga. De hecho, instala un debate que al menos en estos días saca a los Kirchner del ojo del huracán y, por primera vez en la campaña, coloca en ese lugar al candidato del Frente Cívico, hasta ahora dueño absoluto de la iniciativa política.
Nada garantiza, sin embargo, que el malestar de los cordobeses con la prepotencia del SUOEM y la superpoblación de las oficinas municipales vaya a traducirse en una
victoria política automática del intendente.